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"Muévete por la Igualdad. Es de Justicia" surge de la Campaña que, con el mismo nombre, ha permanecido activa desde 2007 hasta 2010.
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¿Qué tipo de sociedad queremos?

El fin de semana del 8 y 9 de marzo deberíamos marcarlo especialmente en el calendario. Por un lado, en España se celebrarán elecciones generales que determinarán el rumbo político de los próximos cuatro años; por otro, se conmemorará el día Internacional de la Mujer, momento en el que miles de mujeres de todo el mundo denuncian la discriminación que sufre la mitad de la población, recuerdan que los derechos humanos no son sólo de los hombres y visibilizan la lucha que se está llevando a cabo para cambiar esta situación. Desgraciadamente, en España en estos días hemos sufrido el asesinato en menos de 24 horas de 4 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas, lo que nos recuerda que el camino que aún nos queda por recorrer aún es muy largo.

En muchos países, la participación política de las mujeres queda anulada o limitada por las leyes y/o por las trabas que los sistemas culturales imponen (analfabetismo, falta de recursos económicos, falta de conciliación, incapacitación legal para la toma de decisiones...). Sin embargo, cada vez más, las mujeres son conscientes de la importancia de estar en los espacios de toma de decisiones y no delegar sus reivindicaciones en los hombres, pese a que compartan una misma ideología, porque saben que sus inquietudes suelen diferir con frecuencia de las de sus socios de partido. Por ello, en muchos países se han comenzado a aplicar sistemas de cuotas, lo que implica que un determinado porcentaje de los puestos a diferentes niveles en los órganos de gobierno, tienen que estar ocupados por mujeres.

Un ejemplo de ello es Mozambique, país en el que se ha aprobado una ley por la que el 30% de los puestos de toma de decisiones tienen que estar ocupados por mujeres. Este sistema ya ha tenido sus primeros frutos con la aprobación de la ley de familia que amplia los derechos de las mujeres y la pronta aprobación de la ley contra la violencia de género.

Iniciativas como ésta las podemos encontrar a lo largo de todo el mundo y una pequeña revisión de los datos nos permite ver fácilmente qué países están a la cabeza de la igualdad en la representación. Pero la importancia de los datos no es otra que la de garantizar una mayor atención de los gobiernos a los problemas que afectan y preocupan a las mujeres. En Sudáfrica, existen presupuestos con perspectiva de género y se aseguran recursos para el empoderamiento y desarrollo de las mujeres y en Ruanda -país con un 48.8% de representación de mujeres en el Parlamento- se dedican grandes esfuerzos a fomentar su trabajo en red e incluso se ha logrado la revocación de la ley que les prohibía heredar tierras.

A lo largo de todo el mundo podemos encontrar ejemplos similares en los que las mujeres se organizan y tienen claras sus prioridades: reducir la violencia de género, tener acceso a la educación, estar en los puestos de toma de decisiones y, en definitiva, hacer valer sus derechos. Derechos que día a día son vulnerados con total impunidad debido a culturas discriminatorias, a la fuerza de las costumbres y a estados consentidores que miran hacia otro lado, amparados por el desconocimiento que muchas mujeres tienen de sus derechos.

Lamentablemente en esta lucha aún nos queda una asignatura pendiente, la incorporación de los hombres para lograr la igualdad de un modo activo. Es cierto, que cada vez son más los que rechazan la violencia de género y apoyan acciones encaminadas a disminuir la brecha existente entre los dos sexos pero aún son muy pocos los hombres proactivos que sienten una sociedad que les beneficia como injusta. Suelen unirse en grupos en los que cuestionan los roles de género y buscan vías para ir creando un mundo más justo. Estos son los hombres que van dando forma a un movimiento pequeño pero cada día más fuerte, el masculinismo.

Muchas personas se preguntan ¿qué ganan los hombres que se involucran en la lucha contra la discriminación? En un mundo en el que las ganancias sólo se valoran si son materiales, es difícil explicar que en este caso lo que cuentan son los principios y el tipo de persona que quieres ser. ¿Qué ganamos fomentando relaciones comerciales justas entre el Norte y el Sur? ¿e implicándonos en la erradicación de la pobreza?¿y luchando por estar en una relación de igualdad con mi pareja?... todas estas preguntas se resumen con una sola: ¿qué tipo de sociedad queremos?

Por el momento, las respuestas masivas siguen siendo las de la utilización de la fuerza y el poder pero cada vez se oyen más voces que reclaman la necesidad de un mundo más justo, en el que hombres y mujeres, Norte y Sur… disfruten de los mismos derechos. Desde la campaña “Muévete por la igualdad. Es de justicia”, animamos a la opinión pública a preguntarse qué tipo de sociedad quiere construir y a luchar día a día por un mundo más justo. Somos conscientes de que podemos cambiar las cosas y de que todos los días deberían ser 8 de marzo.

Silvia Altolaguirre
Coordinadora de la Campaña “Muévete por la Igualdad. Es de justicia” integrada por Ayuda en Acción, InteRed y Entreculturas





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